El Sonido del metal

Redacción PETALES

Equipo de redacción de Petales España.

Sound of Metal es una película de 2019 dirigida por Darius Marder  que nos cuenta la historia de un joven, batería de un grupo, que comienza a perder la audición. Hay varios aspectos de la película que me han llamado la atención, pero hoy sólo voy a hablar de uno de ellos: el viaje interior que el protagonista realiza

Cuando una discapacidad es sobrevenida, es decir pasas, como en la película, de oír sin ningún problema a tener muchas dificultades o directamente a la sordera, se inicia un proceso de duelo por el sentido perdido y otro proceso de adaptación a la nueva realidad. En la película puedes apreciar perfectamente cómo el protagonista va desde la búsqueda desesperada de  soluciones, las dificultades para verse en otras personas con sordera, el intento de retomar una vida como la anterior, hasta llegar a esa situación de calma en la que das por aceptado lo que no va a poder ser y empiezas una nueva vida.

Una nueva vida en la que todo puede ser más complicado, pero que también te va a llevar a descubrir facetas desconocidas en ti, sensaciones nunca percibidas y superación de retos no imaginados.

¿Y esto qué tiene que ver conmigo, con mi familia, con la adversidad temprana?

Tengo discapacidad sensorial, sobrevenida hace tiempo y por eso creo que pude  entender la película de manera diferente a otras personas. Pero también por eso veo la relación entre lo que le pasa al protagonista y lo que nos pasa en nuestras familias.

Cuando llega la sordera

Lo que llamo “familias” en Petales es algo variopinto que consiste en la crianza y cuidados de chicos y chicas que han sufrido adversidad en su infancia. Me da lo mismo que te hayas tenido que hacer cargo de tu sobrina, que seas tú la persona afectada, que hayas adoptado a unos gemelos, acogido a una preciosa niña o simplemente trabajes con chicos y chicas con problemas de comportamiento.

El caso es que tienes unas expectativas  respecto a esos chicos y chicas, que te has hecho una idea de cómo deberían ser las cosas y de cómo debería ser tu vida. Más o menos te trazas un sendero por el que supones irás avanzando con cierta tranquilidad y superando algún que otro altibajo.

Pero no es así, cuando cuidas a un niño o niña que ha tenido una infancia adversa, que en sus primeros años no ha tenido todos los cuidados necesarios, te sobreviene todo un mundo, igual que al protagonista de la película le llega la sordera. Entonces te encuentras con un gran peñasco que atasca tu sendero y que no te deja avanzar.

Primero llega el ansia por encentrar una solución eficaz y rápida. En este siglo XXI nos parece imposible que no haya “algo” que lo solucione en un plis-plas. Nuestro batería atisba una solución en los implantes cloqueares. Con estos implantes le aseguran podrá volver a oír Entonces hace todo lo posible por conseguir el dinero y operarse.

A las familias nos pasa lo mismo, cuando detectamos que el niño o la niña no se comporta como suponemos debería ser y descubrimos que todo es consecuencia de sus experiencias adversas,  lo que buscamos es la solución rápida. ¿A qué terapeuta especialista le debo llevar? ¿Le llevo a un centro? ¿Le cambio de colegio?

Un sonido metálico

Como ya os he adelantado (siento el spoiler) el batería consigue los implantes y recupera la audición. Pero, siempre hay un pero, es una audición diferente, metálica, artificial y distorsionada. Ha hecho un esfuerzo enorme pero no obtiene el resultado que él esperaba. El peñasco que entorpece su camino no ha desaparecido, no se ha disuelto.

A nosotros nos pasa lo mismo, de una terapia a otra, de un profesional a otro, de un centro a otro, pero sigue sonando metálico, estridente y distorionado.

Entonces qué hacemos, la roca sigue ahí en medio de nuestro camino y no encontramos con que dinamitarla. Ni nuestro protagonista va a recuperar el sonido tal cual ni nosotros vamos a conseguir que nuestros chicos y chicas superen su trauma de un día para otro.

Otros caminos

La solución es cambiar de camino. Si pierdo el oído tengo que adaptarme a vivir de otra manera, hay cosas que no van a poder ser o serán de otra manera. Necesitaré aprender el lenguaje de signos, a leer en los labios,  a cruzar la calle mirando varias veces a un lado y otro, a sentir el viento sin escucharlo, a mirar las olas sin notar un solo ruido. Me tengo que desviar del camino y buscar otra ruta.

Con nuestros chicos y chicas pasa lo mismo, aceptar que son como son, que sus comportamientos tienen una razón y un por qué y que no hay “implantes” ni soluciones rápidas. Aceptar que nuestro camino es otro y que hay cosas que no van a poder ser como nos gustaría sino que serán de otra manera. Tendremos que aprender otros lenguajes y a sentir de manera diferente.

Y no cuento más de la película, solo te recomiendo que la veas con otra mirada.

 

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